En los alrededores del Parque Juárez se ubicaron entierros con ofrendas, restos de cimientos y aproximadamente 30 de estos objetos rituales cuya antigüedad oscila entre 1350-1519 d.C.
El hallazgo guarda semejanza con el registrado en 2009 al pie del Templo Mayor de Tenochtitlan
Una ofrenda de alrededor de 30 sahumadores prehispánicos, cuyos mangos policromos rematan con elaboradas representaciones de cabezas de serpiente de fauces abiertas o xiuhcóatl, “la serpiente de fuegoâ€, fue descubierta por arqueólogos del Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH) en el centro histórico del municipio mexiquense de Cuautitlán; el hallazgo guarda semejanza con el registrado en 2009 al pie del Templo Mayor de Tenochtitlan.
Desde abril pasado, un equipo de expertos del INAH da seguimiento a obras públicas que el municipio realiza en la periferia de los parques Juárez y de la Cruz; en los alrededores del primero se ubicó la mayor cantidad de vestigios prehispánicos: entierros con ofrendas, cimientos de lo que probablemente fue un templo y, lo más sobresaliente, la ofrenda de sahumadores.
Francisco Antonio Osorio Dávila y Héctor Pérez GarcÃa, arqueólogos del Centro INAH Estado de México y quienes coordinan las labores de salvamento, informaron que dichos objetos, descubiertos a mediados de mayo frente al mercado municipal, tuvieron un uso ritual y posteriormente fueron depositados a modo de ofrenda, en hilera y apilados en tres capas. No obstante, es imposible conocer si estuvieron asociados a algún elemento arquitectónico o escultórico especÃfico.
En el mismo espacio donde estuvo la ofrenda de sahumadores —hoy cubierto por la carpeta asfáltica—, el arqueólogo Francisco Osorio detalló que se han contabilizado 27 piezas completas, aunque la cantidad podrÃa llegar a 31 (al igual que los descubiertos en el Templo Mayor), cuando se unan las que se encontraron fragmentadas. La longitud de los objetos varÃa entre los 70 y 50 centÃmetros de largo, lo que se precisará una vez que estén restaurados.
Ignacio Forteza Saavedra, investigador quien dedicó su tesis en arqueologÃa a este contexto de sahumadores, explicó que en las piezas, a pesar de la tierra que aún recubre los mangos, se observan tonos blanco, rojo, azul y amarillo, tienen calados en forma cruciforme (que aluden a los cuatro rumbos) y un trabajo de pastillaje que decora las cazoletas.
El arqueólogo Osorio Dávila añadió que los mangos son huecos y contienen pequeñas bolas de barro que emiten un sonido de lluvia al voltearlos, asimismo, los asideros rematan, ya sea pintados o modelados en barro, con formas de moños. Las representaciones de xiuhcóatl conservan coloridos tonos y un pastillaje fino alrededor de los ojos, aún más notorio en los colmillos y en la lengua bÃfida.
Las cazoletas de los sahumadores mantienen restos de tierra que más adelante serán sometidos a análisis de flotación, para identificar algunos materiales que llegaron a verterse en ellos, por ejemplo, copal y algunos restos de fibras vegetales.
Francisco Osorio dijo que la ofrenda de sahumadores y la estructura prehispánica datan del periodo Posclásico TardÃo (1350-1519 d.C.), cuando Cuautitlán se convirtió en tributario de la Triple Alianza y era un lugar estratégico en el comercio que se mantenÃa con los territorios norteños. Textos del siglo XVI señalan que Cuautitlán era un altépetl (cerro donde nace el agua) tepaneca, nominalmente dependiente de Tlacopan, aunque tenÃa su propio tlatoani (señor) y dominaba una amplia zona a sus alrededores.
En los Anales de Cuauhtitlan, los cuauhtitlancalques equiparaban su importancia con los otros altépetl del valle de México, decÃan tener la más añeja raigambre chichimeca en el área y también reivindicaban sus vÃnculos con la tradición tolteca, lo que les permitió convertirse en uno de los centros polÃticos más importantes del noroccidente del valle.
Acerca de la estructura arquitectónica (de 15m x 8m, aproximadamente), de la que sólo quedan los cimientos, el arqueólogo refirió que posiblemente correspondieron a un templo de medianas dimensiones; ahà también se recuperaron clavos arquitectónicos y almenas, y se identificó el desplante de un piso de lajas de piedra, asà como restos de estuco.
“Los restos que años atrás excavó Luis Córdoba Barradas en la Catedral de Cuautitlán, junto con esta estructura, indicarÃan la proporción que pudo haber tenido la ciudad prehispánica. Debió ser un centro rector de alrededor de un kilómetro de extensión en cuanto a construccionesâ€.
Sobre los entierros hallados, Francisco Osorio dijo que el primero –de tipo múltiple– se localizó en un área circundante al Parque Juárez. Estaba constituido por tres cráneos orientados hacia el poniente. Por debajo y detrás de ellos, se hallaron apilados sus huesos largos y, como ofrenda, tres jarras de la fase Azteca II (1200-1400 d.C.) con restos de pintura azul y grandes navajillas prismáticas de obsidiana.
Un par de entierros más se ubicaron a lo largo de la calle Tranquilino Salgado; uno estaba dispuesto hacia el oriente y el otro hacia el norte. Este último fue hallado en posición sedente (sentado) y correspondÃa al de una mujer joven (de 13 a 15 años); estaba acompañado de dos platos miniatura, dos silbatos y una mascarilla miniatura de Mictlantecuhtli, el dios de la muerte.
El otro entierro era de un individuo cuyo sexo no pudo determinarse porque la osamenta se encontró incompleta; tenÃa asociados navajillas prismáticas y una figurilla fragmentada tipo “galletaâ€. Muy cerca, a un metro de distancia, se halló una ofrenda de 16 ollas trÃpodes tipo Tláloc, pintadas en negro y en rojo. Las dimensiones de estos recipientes oscilan entre los 8 y los 12 cm de altura y muestran de forma burda los caracterÃsticos “tocados de papel†del dios de la lluvia, modelados en barro.
El arqueólogo Francisco Osorio dijo que los contextos próximos al Parque Juárez ponen en evidencia dos asentamientos culturales importantes. El primero, del periodo Posclásico Temprano (900-1350 d.C.), a través de materiales cerámicos toltecas, lo que confirma los orÃgenes de los cuauhtitlancalques, asà como de la fase Azteca II; y la segunda, del Posclásico TardÃo, ejemplificada por la ofrenda de sahumadores y los restos de la estructura arquitectónica.
El salvamento arqueológico en el centro histórico de Cuautitlán continúa en el Parque de la Cruz, frente a la Catedral del municipio, donde se han localizado los restos de ocho individuos, entre hombres y mujeres, que fueron depositados a la usanza cristiana y pudieran corresponder a entierros que se realizaron en el último periodo de la Colonia, alrededor de 1790 y hasta mediados del siglo XIX, es decir, 1850.
Lo anterior se deduce porque existe una distancia considerable con respecto a la catedral y por algunos fragmentos cerámicos que son coloniales tardÃos. Además se observan alineamientos de viejos empedrados que servÃan para conectar áreas del cementerio que alguna vez ocupó el atrio de la iglesia.
DESCUBREN OFRENDA DE SAHUMADORES PREHISPÃNICOS EN CUAUTITLÃN

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