_ El icónico retrato de Sor Juana Inés de la Cruz, pintado por Miguel Mateo Maldonado y Cabrera en 1750 y que forma parte del acervo del Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, es objeto de un minucioso proyecto de investigación, conservación y museología titulado “Una imagen de aliento y cenizas. El retrato de Sor Juana entre la materia y la memoria”. Este esfuerzo es impulsado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Entre el 3 y el 13 de febrero, los visitantes del museo pudieron observar en vivo cómo un equipo interdisciplinario aplicaba técnicas no invasivas de imagenología y espectroscopía sobre la obra. El objetivo es conocer los materiales y su método de aplicación, evaluar su estado físico-químico y fundamentar las mejores decisiones para su conservación y futura exhibición en la Sala 3 del museo, dedicada a la formación de la identidad criolla. Salvador Rueda Smithers, director del MNH, explica que Cabrera se inspiró en un retrato anterior del artista español Juan de Miranda para crear esta imagen icónica, donde representa a Sor Juana en sus treinta años.
La investigación es una colaboración entre el Departamento de Restauración del MNH y el Instituto de Física de la UNAM, a través del Laboratorio Nacional de Ciencias para la Investigación y Conservación del Patrimonio Cultural y el proyecto MAPEoS. Nathael Cano Baca, coordinador del estudio, subraya la importancia técnica del cuadro —un óleo sobre tela de 2.10 por 1.50 metros— ya que los retratos por encargo muestran la maestría del artista. El análisis combina historia del arte, ciencia, conservación y curaduría.
Los primeros hallazgos ya revelan detalles fascinantes. Mediante técnicas como rayos X se han identificado varios *pentimenti* o arrepentimientos realizados por Cabrera durante el proceso creativo. Entre estas correcciones están ajustes en el tamaño del tintero, cambios en el gesto “más galante que devoto”de la mano izquierda que sostiene un rosario, modificaciones en el largo del hábito e incluso rectificaciones en los títulos visibles en algunos libros al fondo. La fase final implica tres meses más para procesar todos los datos obtenidos con vistas a una futura publicación académica.