El Frente Frío número 2 se mantiene estacionario sobre el norte de la península de Yucatán, donde interactúa con su masa de aire polar y canales de baja presión. Esta combinación ha generado precipitaciones intensas en el sur de Veracruz y lluvias muy fuertes en Tabasco, Oaxaca y Chiapas, además de un descenso significativo de las temperaturas en varias regiones del país.

En paralelo, una zona de baja presión en el océano Pacífico, ubicada a unos 720 kilómetros al suroeste de Oaxaca, presenta un 90 por ciento de probabilidad de evolucionar a ciclón tropical en las próximas 48 horas. Este fenómeno podría intensificar las lluvias y modificar las condiciones climáticas en las costas del Pacífico mexicano, por lo que las autoridades mantienen vigilancia constante sobre su trayectoria.

Las consecuencias de estas condiciones ya se reflejan en Veracruz, donde las lluvias asociadas al Frente Frío número 2 provocaron graves inundaciones y al menos cuatro fallecidos en Coatzacoalcos tras el colapso de una barda. Quince colonias de ese municipio registran anegamientos, el gobierno estatal suspendió clases en diez municipios del sur de la entidad y más de 700 elementos de la Marina, la Defensa Nacional y Protección Civil se movilizaron para atender la emergencia y realizar evacuaciones preventivas.

La temporada de huracanes en el Pacífico ha sido particularmente activa. El huracán Polo, formado a finales de septiembre de 2026, alcanzó la categoría 5 con vientos superiores a 252 km/h y se convirtió en el segundo ciclón más potente registrado en la región; antes de tocar tierra en Baja California Sur como categoría 2 causó lluvias intensas, inundaciones y daños en infraestructuras, con cinco fallecidos en México. Un análisis de World Weather Attribution concluyó que El Niño y el cambio climático contribuyeron a su rápida intensificación.

Estos eventos evidencian la creciente frecuencia e intensidad de fenómenos meteorológicos extremos en México y subrayan la necesidad de fortalecer los sistemas de alerta temprana, mejorar la infraestructura para mitigar inundaciones y desarrollar estrategias de adaptación que protejan a las comunidades más vulnerables ante la combinación de frentes fríos, zonas de inestabilidad y otros fenómenos climáticos.