El caso del llamado “Estafador de Bumble”, señalado por más de 15 mujeres por presuntos engaños sentimentales y solicitudes de préstamos de entre 60 mil y 500 mil pesos, volvió a poner sobre la mesa el fenómeno de las estafas románticas. Una de las denunciantes afirmó haber perdido 168 mil pesos y relató que el hombre fingió un secuestro para justificar su desaparición. El Mtro. Isaac Torres Gómez, académico del Departamento de Psicología de la Universidad Iberoamericana (IBERO), explicó que quienes cometen este tipo de engaños pueden desarrollar experiencia para identificar a personas que buscan establecer vínculos afectivos rápidamente y aprovechar esa disposición para realizar peticiones económicas.

Torres Gómez señaló que una relación que avanza con rapidez puede generar emociones intensas que dificultan evaluar con distancia las decisiones que se toman. Cuando una persona siente que encontró una pareja con quien establecer una conexión significativa, puede interpretar una solicitud de ayuda como una oportunidad para demostrar su compromiso. A ello se suma una idea cultural del amor romántico: que querer a alguien significa apoyarlo incondicionalmente, incluso cuando implica sacrificios personales importantes. “Una forma de amar es apoyar incondicionalmente a la otra persona”, indicó el académico al describir una creencia que puede favorecer que alguien acepte peticiones que, en otras circunstancias, cuestionaría.

De acuerdo con el especialista, una vez que existe apego emocional, una historia de emergencia, una dificultad económica o una petición urgente pueden utilizarse para conseguir dinero. El problema no consiste en sentir intensamente ni en querer ayudar a la pareja, sino en tomar decisiones financieras importantes sin comprobar la situación o sin considerar las posibles consecuencias. Descubrir que una relación estuvo marcada por el engaño puede producir consecuencias que van más allá de la pérdida económica, como cuestionar la propia inteligencia, el criterio y la capacidad para reconocer a otras personas. “Cuando nos empezamos a enjuiciar o a criticar o hacer muy duros, pues va a pegar en cómo nos percibimos”, advirtió Torres Gómez.

La vergüenza también puede dificultar que las personas compartan lo sucedido con familiares, amistades o autoridades, ante el temor a escuchar reproches o a ser juzgadas por haber confiado en alguien. El académico subrayó que la responsabilidad del engaño corresponde a quien lo comete, no a quien confió en una relación que consideraba auténtica. Para prevenir estas situaciones, propuso establecer límites personales antes de encontrarse en un momento de intensa implicación emocional y considerar una señal de alerta que alguien a quien se conoce desde hace poco tiempo solicite un favor económico muy grande.

Torres Gómez planteó definir previamente que no se prestará dinero a una persona que no se conoce lo suficiente o que no se asumirán deudas para resolver los problemas financieros de una pareja, de modo que los límites no dependan de la presión del momento. “Una forma de amar distinta es saber que cada quien tiene sus recursos”, sostuvo el académico, quien también invitó a reflexionar sobre los modelos culturales de masculinidad y feminidad que pueden intervenir en estas dinámicas. Para prevenir las estafas románticas, recomendó avanzar gradualmente en el conocimiento de alguien, escuchar tanto las emociones como la capacidad de evaluar riesgos y, si se descubre que se fue engañado, buscar acompañamiento psicológico para procesar la experiencia.