Diversidad étnica en bautismos del siglo XVIII: nuevo libro de INAH Colima
_ La diversidad étnica y las dinámicas sociales de la Colima virreinal durante el primer cuarto del siglo XVIII son analizadas en el libro Memorias Bautismales del siglo XVIII: Diversidad étnica en el Archivo Parroquial de San Felipe de Jesús “El Beaterio” en Colima. Libro de Bautismos No. 2, de la investigadora del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en la entidad, María Irma López Razgado. La obra, editada por la Secretaría de Cultura estatal mediante el Programa de Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico, se basa en el estudio sistemático de 903 partidas bautismales registradas entre 1718 y 1729.
Cercana a las costas del Pacífico y distante de la capital virreinal, la villa de Colima fue un espacio donde las dinámicas sociales adquirieron rasgos particulares durante la Colonia. Su vida cotidiana estuvo marcada por la convergencia de indígenas, afrodescendientes, españoles y asiáticos, lo que derivó en uniones entre personas libres y esclavizadas y en la participación activa de las mujeres. El archivo parroquial del Templo de San Felipe de Jesús “El Beaterio” resguarda documentación sacramental desde 1610, y la historiadora reconstruyó a partir de los bautismos la composición social, la diversidad étnica, las prácticas religiosas y los procesos de clasificación que estructuraron la vida cotidiana local.
La obra se enfoca en los infantes bautizados, entre los cuales documenta hijos naturales, expósitos, hijos de la Iglesia, descendientes de padres no conocidos, casos con ilegitimidad omitida, legítimos y registros sin datos suficientes. Ello permite identificar los criterios normativos y las formas de organización social reflejadas en el ámbito sacramental. El corpus deja de manifiesto que, aunque en el siglo XVIII la sociedad virreinal estaba jerarquizada y la Corona española regulaba los enlaces matrimoniales entre personas identificadas con diferentes calidades y grupos étnicos, en Colima hubo un mestizaje complejo, dando pie a una sociedad atravesada por tensiones entre norma y práctica, control institucional y negociación cotidiana.
Uno de los hallazgos centrales es el alto porcentaje de población afrodescendiente en la Villa de Colima: 54.3 por ciento, el más importante en ese periodo, incluso por encima de la población indígena y española. Esto evidencia la complejidad del mestizaje, las alianzas y la diferenciación social en la sociedad colimense virreinal. La autora señaló: “Este archivo no solo registró la realidad social, sino que contribuyó de manera activa a su construcción, convirtiéndose en una fuente privilegiada para comprender las dinámicas de exclusión, adaptación, resistencia, transformación, esclavitud y convivencia que caracterizaron la vida cotidiana del Colima del primer tercio del siglo XVIII”.
Otro aspecto relevante es que, aunque las autoridades eclesiásticas establecieron que todos los libros de la parroquia debían estar separados por calidades étnicas, el Libro de Bautismos No. 2 es mixto, porque tiene registros de afrodescendientes, indígenas y españoles, lo que remite a prácticas eclesiásticas flexibles. Para López Razgado, “es revelador tenerlos juntos, pues muestra a la Iglesia como reguladora para que tuvieran una identidad o familia”. Leído desde la historia social y enriquecido bajo la perspectiva de larga duración y la microhistoria, el volumen muestra cómo las jerarquías estamentales y étnicas fueron reproducidas, moduladas y, en determinados casos, atenuadas en el espacio parroquial.
La investigadora también destacó el papel de la Iglesia como espacio de registro de la memoria colectiva: “La Iglesia fue el lugar donde quedaron registradas las huellas de indígenas, españoles, asiáticos, africanos y sus descendientes, donde las familias se formaron y las mujeres, muchas anónimas, llevaron a sus hijos a recibir el primer sacramento, como se estipulaba en ese entonces”. En esa línea, consideró que la obra contribuye a la revalorización de los archivos parroquiales como espacios de memoria colectiva y herramientas clave para profundizar en el conocimiento sobre la diversidad cultural y étnica del occidente novohispano.
Finalmente, la historiadora concluyó: “Cada partida bautismal es el testimonio silencioso de una madre que luchó por asegurar a su hijo un lugar dentro de la comunidad cristiana y la sociedad colimense”. Con ello, el libro no solo aporta al estudio de la Colima virreinal, sino que invita a mirar los registros eclesiásticos como fuentes fundamentales para comprender las dinámicas de exclusión, adaptación, resistencia, transformación, esclavitud y convivencia que caracterizaron la vida cotidiana del primer tercio del siglo XVIII.
Cercana a las costas del Pacífico y distante de la capital virreinal, la villa de Colima fue un espacio donde las dinámicas sociales adquirieron rasgos particulares durante la Colonia. Su vida cotidiana estuvo marcada por la convergencia de indígenas, afrodescendientes, españoles y asiáticos, lo que derivó en uniones entre personas libres y esclavizadas y en la participación activa de las mujeres. El archivo parroquial del Templo de San Felipe de Jesús “El Beaterio” resguarda documentación sacramental desde 1610, y la historiadora reconstruyó a partir de los bautismos la composición social, la diversidad étnica, las prácticas religiosas y los procesos de clasificación que estructuraron la vida cotidiana local.
La obra se enfoca en los infantes bautizados, entre los cuales documenta hijos naturales, expósitos, hijos de la Iglesia, descendientes de padres no conocidos, casos con ilegitimidad omitida, legítimos y registros sin datos suficientes. Ello permite identificar los criterios normativos y las formas de organización social reflejadas en el ámbito sacramental. El corpus deja de manifiesto que, aunque en el siglo XVIII la sociedad virreinal estaba jerarquizada y la Corona española regulaba los enlaces matrimoniales entre personas identificadas con diferentes calidades y grupos étnicos, en Colima hubo un mestizaje complejo, dando pie a una sociedad atravesada por tensiones entre norma y práctica, control institucional y negociación cotidiana.
Uno de los hallazgos centrales es el alto porcentaje de población afrodescendiente en la Villa de Colima: 54.3 por ciento, el más importante en ese periodo, incluso por encima de la población indígena y española. Esto evidencia la complejidad del mestizaje, las alianzas y la diferenciación social en la sociedad colimense virreinal. La autora señaló: “Este archivo no solo registró la realidad social, sino que contribuyó de manera activa a su construcción, convirtiéndose en una fuente privilegiada para comprender las dinámicas de exclusión, adaptación, resistencia, transformación, esclavitud y convivencia que caracterizaron la vida cotidiana del Colima del primer tercio del siglo XVIII”.
Otro aspecto relevante es que, aunque las autoridades eclesiásticas establecieron que todos los libros de la parroquia debían estar separados por calidades étnicas, el Libro de Bautismos No. 2 es mixto, porque tiene registros de afrodescendientes, indígenas y españoles, lo que remite a prácticas eclesiásticas flexibles. Para López Razgado, “es revelador tenerlos juntos, pues muestra a la Iglesia como reguladora para que tuvieran una identidad o familia”. Leído desde la historia social y enriquecido bajo la perspectiva de larga duración y la microhistoria, el volumen muestra cómo las jerarquías estamentales y étnicas fueron reproducidas, moduladas y, en determinados casos, atenuadas en el espacio parroquial.
La investigadora también destacó el papel de la Iglesia como espacio de registro de la memoria colectiva: “La Iglesia fue el lugar donde quedaron registradas las huellas de indígenas, españoles, asiáticos, africanos y sus descendientes, donde las familias se formaron y las mujeres, muchas anónimas, llevaron a sus hijos a recibir el primer sacramento, como se estipulaba en ese entonces”. En esa línea, consideró que la obra contribuye a la revalorización de los archivos parroquiales como espacios de memoria colectiva y herramientas clave para profundizar en el conocimiento sobre la diversidad cultural y étnica del occidente novohispano.
Finalmente, la historiadora concluyó: “Cada partida bautismal es el testimonio silencioso de una madre que luchó por asegurar a su hijo un lugar dentro de la comunidad cristiana y la sociedad colimense”. Con ello, el libro no solo aporta al estudio de la Colima virreinal, sino que invita a mirar los registros eclesiásticos como fuentes fundamentales para comprender las dinámicas de exclusión, adaptación, resistencia, transformación, esclavitud y convivencia que caracterizaron la vida cotidiana del primer tercio del siglo XVIII.