INAH monitorea murales de Cacaxtla; sin cambios en 15 años
_ La Secretaría de Cultura del Gobierno de México, a través del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural (CNCPC), da seguimiento a la preservación de la pintura mural de la Zona Arqueológica de Cacaxtla, en el municipio de Nativitas, Tlaxcala. En 15 años de estudios, a la fecha, no ha detectado cambios significativos en las obras prehispánicas.
La iniciativa abarca los 16 murales del Gran Basamento de Cacaxtla, entre los que están los denominados: La Batalla, Guerreros ave y jaguar, Templo Rojo y Templo de Venus, cuya creación se atribuye a la cultura olmeca-xicalanca, durante el periodo Epiclásico mesoamericano (650-900 d.C.). Este monitoreo continuo permite anticipar riesgos y tomar mejores decisiones para la conservación del patrimonio.
“La preservación del patrimonio requiere conocimiento, continuidad y trabajo científico. Dar seguimiento durante años al estado de los murales de Cacaxtla nos permite anticipar riesgos, tomar mejores decisiones para su conservación y fortalecer una metodología que podrá aplicarse en otros sitios con pintura mural prehispánica. Cuidar este patrimonio es asegurar que las próximas generaciones también puedan conocer una parte fundamental de nuestra historia”, afirmó la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.
Dicha labor, encabezada por la restauradora-perito de la CNCPC, Mónica Vargas Ramos, y su equipo, integrado por Jhoanna Rosas Magaña y Omar Valdes Hernández, retoma la información diagnóstica previa de esas policromías, obtenida por la restauradora Diana Medellín Martínez y el personal especializado a su cargo, durante las temporadas de 2009 a 2011. La continuidad de este trabajo es clave para detectar cualquier alteración en las superficies pictóricas.
“En la generación de la información han participado muchas personas. En el caso de Cacaxtla, Diana Medellín echó a andar el proyecto de evaluación de la pintura mural, y con el equipo actual he retomado su investigación para darle continuidad en el presente y a futuro. Mi incursión a Cacaxtla se dio en 2019, en colaboración con la restauradora Dulce María Grimaldi Sierra, pero el monitoreo y evaluación de superficies pictóricas inició formalmente en 2023”, refirió Vargas Ramos.
El objetivo, desde hace tres años, dijo, es recabar datos formales para establecer una metodología de evaluación de las superficies pictóricas a mediano y largo plazo. “El propósito es ver las condiciones del color, tanto en gama cromática y saturación, pero también en estabilidad superficial”. Para ello, se ha realizado levantamiento de datos de colorimetría y microscopía óptica, con apoyo del Laboratorio de Investigación para la Conservación, Diagnóstico y Caracterización Espectroscópica de Materiales, de la CNCPC.
A diferencia de 2009-2011, se agregó el estudio de todos los murales, sumando la microscopía óptica para un registro más completo. Con esas dos técnicas se comparará lo que hoy se aprecia con lo reportado en 2009-2011, 2019, 2023, a fin de determinar con mayor precisión si hay alguna variación. Lo que se busca, puntualizó la especialista, es tener una metodología sistemática de evaluación, para saber con mayor precisión si ha habido cambios o no.
“Retomamos un punto de la superficie pictórica, registrado en 2009-2011, para examinarlo con microscopia y colorimetría, de tal manera que podemos tener las características físicas de la capa pictórica, la saturación y la tonalidad precisa de los colores, lo que permite establecer el diagnóstico de la superficie pictórica. Al día de hoy, el equipo no ha encontrado variaciones significativas de cambio de color ni inestabilidad”, acotó.
El estudio emprendido en Cacaxtla también es parte de un trabajo de tesis de licenciatura de la restauradora Rosas Magaña. Asimismo, esa misma metodología de registro se pretende aplicar en el edificio de los altares policromados de Tizatlán y en la pintura mural de Ocotelulco, en Tlaxcala. La intención es tener la pintura mural prehispánica tlaxcalteca en un nivel de registro general, tanto de su gama cromática como de su técnica de factura, para determinar con mayor precisión su estado de conservación a corto, mediano y largo plazo.
Por el momento, se inició con la aplicación de la metodología en Tizatlán. Por último, el director del Centro INAH Tlaxcala, José Vicente de la Rosa Herrera, señaló que la iniciativa reafirma el interés del instituto de monitorear y preservar este importante patrimonio pictórico, pero también es necesario que el público conozca el trabajo científico que hay detrás para obtener información precisa, por ello, invitó a la restauradora-perito a presentar los avances de este estudio en las Mesas redondas de Cacaxtla, que tendrán lugar en septiembre próximo.
La iniciativa abarca los 16 murales del Gran Basamento de Cacaxtla, entre los que están los denominados: La Batalla, Guerreros ave y jaguar, Templo Rojo y Templo de Venus, cuya creación se atribuye a la cultura olmeca-xicalanca, durante el periodo Epiclásico mesoamericano (650-900 d.C.). Este monitoreo continuo permite anticipar riesgos y tomar mejores decisiones para la conservación del patrimonio.
“La preservación del patrimonio requiere conocimiento, continuidad y trabajo científico. Dar seguimiento durante años al estado de los murales de Cacaxtla nos permite anticipar riesgos, tomar mejores decisiones para su conservación y fortalecer una metodología que podrá aplicarse en otros sitios con pintura mural prehispánica. Cuidar este patrimonio es asegurar que las próximas generaciones también puedan conocer una parte fundamental de nuestra historia”, afirmó la secretaria de Cultura del Gobierno de México, Claudia Curiel de Icaza.
Dicha labor, encabezada por la restauradora-perito de la CNCPC, Mónica Vargas Ramos, y su equipo, integrado por Jhoanna Rosas Magaña y Omar Valdes Hernández, retoma la información diagnóstica previa de esas policromías, obtenida por la restauradora Diana Medellín Martínez y el personal especializado a su cargo, durante las temporadas de 2009 a 2011. La continuidad de este trabajo es clave para detectar cualquier alteración en las superficies pictóricas.
“En la generación de la información han participado muchas personas. En el caso de Cacaxtla, Diana Medellín echó a andar el proyecto de evaluación de la pintura mural, y con el equipo actual he retomado su investigación para darle continuidad en el presente y a futuro. Mi incursión a Cacaxtla se dio en 2019, en colaboración con la restauradora Dulce María Grimaldi Sierra, pero el monitoreo y evaluación de superficies pictóricas inició formalmente en 2023”, refirió Vargas Ramos.
El objetivo, desde hace tres años, dijo, es recabar datos formales para establecer una metodología de evaluación de las superficies pictóricas a mediano y largo plazo. “El propósito es ver las condiciones del color, tanto en gama cromática y saturación, pero también en estabilidad superficial”. Para ello, se ha realizado levantamiento de datos de colorimetría y microscopía óptica, con apoyo del Laboratorio de Investigación para la Conservación, Diagnóstico y Caracterización Espectroscópica de Materiales, de la CNCPC.
A diferencia de 2009-2011, se agregó el estudio de todos los murales, sumando la microscopía óptica para un registro más completo. Con esas dos técnicas se comparará lo que hoy se aprecia con lo reportado en 2009-2011, 2019, 2023, a fin de determinar con mayor precisión si hay alguna variación. Lo que se busca, puntualizó la especialista, es tener una metodología sistemática de evaluación, para saber con mayor precisión si ha habido cambios o no.
“Retomamos un punto de la superficie pictórica, registrado en 2009-2011, para examinarlo con microscopia y colorimetría, de tal manera que podemos tener las características físicas de la capa pictórica, la saturación y la tonalidad precisa de los colores, lo que permite establecer el diagnóstico de la superficie pictórica. Al día de hoy, el equipo no ha encontrado variaciones significativas de cambio de color ni inestabilidad”, acotó.
El estudio emprendido en Cacaxtla también es parte de un trabajo de tesis de licenciatura de la restauradora Rosas Magaña. Asimismo, esa misma metodología de registro se pretende aplicar en el edificio de los altares policromados de Tizatlán y en la pintura mural de Ocotelulco, en Tlaxcala. La intención es tener la pintura mural prehispánica tlaxcalteca en un nivel de registro general, tanto de su gama cromática como de su técnica de factura, para determinar con mayor precisión su estado de conservación a corto, mediano y largo plazo.
Por el momento, se inició con la aplicación de la metodología en Tizatlán. Por último, el director del Centro INAH Tlaxcala, José Vicente de la Rosa Herrera, señaló que la iniciativa reafirma el interés del instituto de monitorear y preservar este importante patrimonio pictórico, pero también es necesario que el público conozca el trabajo científico que hay detrás para obtener información precisa, por ello, invitó a la restauradora-perito a presentar los avances de este estudio en las Mesas redondas de Cacaxtla, que tendrán lugar en septiembre próximo.
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