Un estudio publicado en la revista Nature el 1 de octubre de 2026 ha identificado una diferencia molecular en el cartílago que podría explicar por qué los humanos somos más propensos a la artrosis en comparación con chimpancés y gorilas. La investigación, liderada por un equipo internacional del Instituto Weizmann de Ciencias y la Universidad de Kioto, analizó muestras de cartílago de 42 humanos y 7 grandes simios, incluyendo bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes.

Los resultados revelaron que el cartílago humano contiene entre tres y cuatro veces menos glucosaminoglicanos (GAG) sulfatados que el de los grandes simios. Estas moléculas son esenciales para retener agua, absorber impactos y mantener la resistencia y flexibilidad del tejido. La deficiencia de GAG haría que las articulaciones humanas sean más vulnerables al desgaste y, en consecuencia, a la artrosis.

El estudio sugiere que esta diferencia no se debe únicamente al envejecimiento o al estilo de vida moderno, sino que está vinculada a cambios genéticos ocurridos durante la evolución humana. Se identificaron 21 genes relacionados con la producción de GAG que muestran diferencias significativas entre humanos y grandes simios; 17 de ellos estaban menos activos en humanos. Esto indica que nuestros ancestros habrían heredado un nivel basal más bajo de GAG, aumentando la susceptibilidad al deterioro del cartílago.

La artrosis es una enfermedad degenerativa que afecta a millones de personas en todo el mundo, provocando dolor y limitaciones de movilidad. Comprender sus bases moleculares y evolutivas es fundamental para desarrollar estrategias de prevención y tratamiento más efectivas. Este hallazgo ofrece una nueva perspectiva sobre por qué los humanos somos más propensos a esta condición en comparación con nuestros parientes evolutivos más cercanos.

Los autores señalan que el descubrimiento podría abrir nuevas vías de investigación en medicina regenerativa y biología evolutiva. La identificación de genes menos activos en humanos plantea la posibilidad de explorar terapias que actúen sobre la producción de GAG para mejorar la salud articular. El trabajo refuerza la idea de que la evolución humana implicó compensaciones que, en este caso, habrían incrementado la fragilidad de nuestras articulaciones.