Logo
20 años del Seminario Relaciones Hombre-Fauna, estudio de la dimensión simbólica y biológica del humano
turismo - 2018-02-02
BETA
20 años del Seminario Relaciones Hombre-Fauna, estudio de la dimensión simbólica y biológica del humano

Los primeros Homo sapiens de los que se tiene evidencia poseían un alto grado de capacidad simbólica que se concretó en la realización de figuras en cuevas, entre los motivos más antiguos están caballos, venados, tortugas, aves. A pesar de que la fauna ha acompañado a la humanidad en su devenir desde los inicios de la cultura, hace sólo dos décadas los foros académicos para discutir el estudio de las interacciones entre humanos y animales eran escasos en México.

Fue en 1997 cuando dos investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dedicados al análisis de la megafauna pleistocénica, como el mamut, y la hallada en contextos arqueológicos prehispánicos, comenzaron la aventura de incentivar el estudio de estos temas a través de un seminario, dentro del Laboratorio de Arqueozoología de la institución.

Los paleontólogos Joaquín Arroyo Cabrales y Eduardo Corona Martínez concibieron el Seminario Relaciones Hombre-Fauna para llenar el vacío que ya avistaban, dada la gran cantidad de materiales por estudiar dentro del INAH, lo que sigue siendo un reto a 20 años de arrancar el proyecto.

Contrario a lo que pensaron al probar suerte, con el tiempo, el seminario no sólo cobró fuerza, sino atrajo a jóvenes investigadores a enfocarse en esas temáticas, dado que en los descubrimientos arqueológicos aparecen continuamente restos de animales en contexto cultural, desde el Pleistoceno, cuando los grupos humanos comenzaron a cazar el mamut, hasta nuestros días.

El estudio de los restos y representaciones de la fauna encontrada en contextos arqueológicos lo hacen los biólogos, a través de la arqueozoología. La disciplina contribuye a entender la cosmogonía de las civilizaciones pasadas, a través de datos como procedencia, uso y distribución de especies y su relación con las culturas.

También historiadores como Guilhem Oliver han advertido la importancia de los animales para los pueblos de Mesoamérica, latente en su cosmovisión; por ejemplo, menciona que todas las deidades prehispánicas tienen vínculos con la fauna: Kukulcán (la serpiente emplumada), Huitzilopochtli (colibrí de la izquierda), Camazotz (murciélago muerte); en algunos el nombre está asociado al calendario, entre ellos Chicomecóatl (7 Serpiente), y las deidades supremas de los mixtecos: 1 Venado, Serpiente León, 1 Venado, Serpiente Tigre.

Plumas, garras, huesos, pieles, dientes, colmillos, valvas… se han hallado en diferentes contextos: en ofrendas funerarias, en sacrificios o como parte de la indumentaria. Sus imágenes también fueron plasmadas en códices, cerámica, textiles o están presentes en textos literarios: en el mito quiché del Popol Vuh, los animales son creados por los dioses, después de las montañas y las plantas.

En los albores del siglo XXI, ya no es posible concebir una investigación antropológica, particularmente arqueológica, sin el apoyo de las ciencias de la tierra y de la vida. Hoy, en el INAH, la arqueozoología es un área de estudio obligada. Por un lado está el hecho de que el humano es un animal y como tal debe ser analizado en sus diferentes características: biológicas, evolutivas y de interacción con el medio.

Y por otro, la antropología social estudia cómo la especie humana se ha relacionado de manera simbólica y ritual con otros animales; de la misma manera que los ha utilizado como alimento o para elaborar herramientas de trabajo. Estos temas forman parte de las dimensiones de la antropología.

Hace 20 años éramos un pequeño equipo de trabajo, narra Eduardo Corona. Para entonces, dentro del INAH había especialistas en campo, se organizaban conferencias sobre lítica, arquitectura prehispánica; sin embargo, no existía un foro sobre las interacciones humano-naturaleza, donde se pudiera reflexionar sobre las experiencias y resultados de investigaciones y que abriera la discusión a estudiantes para ampliar su perspectiva de estudio.

El foro, para despegar, tuvo el apoyo de Joaquín García-Bárcena, entonces presidente del Consejo de Paleontología, y del biólogo Óscar Polaco, quien era titular del Laboratorio de Arqueozoología del INAH, recuerdan; la idea fue organizar conferencias, talleres y cursos, muchas veces aprovechando la visita de investigadores extranjeros, procedentes de otras latitudes donde este tipo de estudios de interacción entre el hombre y los animales tenían mayor avance, como Europa y Estados Unidos.

A las reuniones comenzaron a acudir estudiantes buscando nuevas perspectivas en sus vocaciones, quienes encontraron un espacio de reflexión para su crecimiento profesional. Con el tiempo no sólo llegaron biólogos, sino arqueólogos, antropólogos físicos, historiadores y recientemente se han sumado restauradores.

En este momento, los arqueozoólogos se han incorporado a proyectos de investigación relevantes, como el de Templo Mayor, en la Ciudad de México, donde se han identificado más de 400 especies animales en uso ritual y simbólico, entre moluscos, aves, reptiles y mamíferos.

En estas dos décadas, dicen los paleontólogos, hemos visto la evolución de los métodos de trabajo para realizar los análisis de los materiales, desde las prácticas con metodologías fundamentales como la disección y observaciones al microscopio, hasta los sofisticados estudios de isótopos estables o de ADN, que llegaron a revolucionar la arqueozoología del siglo XXI.

Eduardo Corona comenta que Latinoamérica, México y Argentina son los países punteros en los estudios de las relaciones humano-fauna. Ambos cuentan con grupos numerosos de investigadores interesados y especializados en estas interacciones, entre ellos etnobiólogos; incluso a los simposios organizados en congresos nacionales e internacionales, generalmente acuden gran cantidad de participantes de las dos naciones.

En el Laboratorio de Arqueozoología del INAH se realiza el estudio de los restos arqueológicos y paleontológicos, asociados a su contexto. El objetivo de los estudios es tratar de explicar la relación que existió entre el hombre, la fauna y el ambiente, en un espacio y un tiempo determinados. La función primordial es analizar los restos de fauna y sus representaciones culturales, para tratar de deducir cómo fue la relación entre los animales y los grupos humanos, en una temporalidad que va desde que el hombre aparece en el territorio que hoy es México hasta nuestros días.

Este tipo de estudios parte, invariablemente, de la identificación taxonómica de las especies presentes, lo cual se logra con base en el conocimiento del especialista apoyado en bibliografía especializada y en las colecciones osteológica, malacológica, paleontológica y arqueozoológica del laboratorio, a lo que se ha sumado en los últimos 20 años el Seminario Relaciones Hombre–Fauna como un espacio para intercambiar resultados de investigaciones y ampliar el conocimiento de esta área indispensable en la arqueología del siglo XXI.


Más de turismo