Severiano Sánchez Gutiérrez, sobreviviente de la masacre del 2 de octubre de 1968, mantiene la misma exigencia 58 años después: justicia. A unos pasos del muro que recuerda a los caídos, asegura que lo ocurrido sigue presente en su memoria.

Sánchez Gutiérrez tenía 18 años y estudiaba Matemáticas en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) cuando se involucró en el movimiento estudiantil de 1968. Hasta entonces, cuenta, nunca había participado en una manifestación.

Su participación comenzó después de que estudiantes fueran reprimidos por granaderos, policías y el Ejército. El 29 de julio, recordó, fue convocado junto con otros alumnos a una asamblea en la que se discutió la situación.

Antes de votar a favor del paro estudiantil en solidaridad con los jóvenes reprimidos, Severiano no tenía experiencia en movilizaciones. Sin embargo, entre agosto y septiembre comenzó a participar en las actividades del movimiento.

“En esos dos meses en cada escuela se hacían asambleas casi a diario para informar lo que iba sucediendo y al final se tomaron acuerdos”, relató.

Los estudiantes también salían en brigadas a repartir volantes en zonas como Lindavista, Montevideo, Insurgentes y La Villa. Según su testimonio, en algunas ocasiones eran perseguidos y detenidos.

Sánchez recuerda que aquellas semanas también cambiaron su forma de entender al país.

“Yo me sentía que entendía lo que era el país, lo que era la democracia, lo que era exigir las libertades democráticas”, señaló.

Así vivió Severiano Sánchez el 2 de octubre en Tlatelolco

El joven asistió al mitin del 2 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas y se encontraba al sur de la explanada cuando observó bengalas en el cielo.

“En cuanto cayeron las bengalas empezaron los disparos del edificio, desde el tercer piso, y más disparos”, recordó.

También aseguró que vio disparos salir de uno de los departamentos hacia la plaza.

“Fue la primera vez que vi a compañeros caer”, dijo.

Ante los disparos, Severiano corrió hacia una zona verde cercana al Edificio Chihuahua. Desde ahí observó vehículos militares y avanzó tratando de ocultarse cuando encontraba soldados.

Junto con otros jóvenes huyó hacia Reforma y buscó refugio en las colonias cercanas.

“Yo me solté a llorar, llorar pero no de miedo, no de cobardía, llorar por lo que nos habían hecho”, relató.

“Queremos justicia”, demanda sobreviviente del 2 de octubre

Severiano recuerda que aquella noche caminó hacia su casa mientras lloviznaba. Según su relato, el Ejército había cortado la luz y había faros de alta potencia en la zona.

A 58 años de aquellos hechos, afirma que el recuerdo permanece intacto.

“¿Quieren que olvidemos? No podemos, lo tenemos grabado como si fuera en piedra en nuestro corazón, en nuestra mente y en nuestra memoria”.

Su exigencia, asegura, sigue siendo la misma:

“Queremos justicia, es la demanda, a 58 años de la masacre”.