El 5 de septiembre de 2026, México enfrentó condiciones climáticas contrastantes: mientras el norte del país registró una ola de calor, gran parte del territorio sufrió lluvias intensas. El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) activó alertas para 17 estados por precipitaciones fuertes, tormentas eléctricas y posible caída de granizo. Estas condiciones obligaron a las autoridades a recomendar precaución ante el riesgo de inundaciones y deslizamientos de tierra en zonas vulnerables.

El monzón mexicano, combinado con inestabilidad atmosférica, fue el principal generador de lluvias en el noroeste. Sinaloa reportó precipitaciones puntuales intensas, mientras que Durango, Chihuahua, Sonora y Baja California Sur presentaron lluvias muy fuertes, y Baja California registró precipitaciones fuertes. En Culiacán, la capital sinaloense, se alcanzó una temperatura máxima de 36.5 °C, acompañada de chubascos que acumularon 23.1 mm de agua y ráfagas de viento de hasta 33.5 km/h, lo que refleja la combinación de calor y humedad extrema.

En el centro del país, la Ciudad de México amaneció con cielo nublado y lluvias que persistieron durante gran parte del día. Las temperaturas oscilaron entre 16 °C y 24 °C, con precipitaciones constantes que mantuvieron el ambiente fresco. En la alcaldía Coyoacán, el termómetro marcó una máxima de 24 °C y una mínima de 16 °C, con lluvias intermitentes y nubes dispersas, condiciones que se replicaron en otras demarcaciones de la capital.

El huracán Marie, que se desplazaba hacia el oeste y noroeste, incrementó el oleaje en las costas occidentales de Baja California y Baja California Sur, donde se esperaban olas de 2 a 3 metros. Este fenómeno, sumado a las lluvias, elevó el riesgo para la navegación y las actividades costeras. Las autoridades marítimas pidieron a la población evitar acercarse a playas y malecones durante el paso del huracán.

Estos eventos climáticos extremos subrayan la necesidad de mantener sistemas de alerta temprana y planes de contingencia. Las lluvias intensas pueden provocar inundaciones urbanas y rurales, mientras que el calor extremo incrementa el riesgo de golpes de calor y enfermedades respiratorias. Además, la combinación de altas temperaturas y sequedad en el norte favorece la propagación de incendios forestales, por lo que se recomienda a la población mantenerse informada a través de fuentes oficiales y seguir las indicaciones de Protección Civil.