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Martes 22 de septiembre de 2020

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Minería, evangelización y epidemias, factores que han condicionado el poblamiento de Sinaloa

Minería, evangelización y epidemias, factores que han condicionado el poblamiento de Sinaloa

Minería, evangelización y epidemias, factores que han condicionado el poblamiento de Sinaloa

Hasta mediados del siglo XIX, los reales de minas y los centros mineros, junto con las misiones jesuitas, fueron los principales asentamientos humanos en ese territorio.

Al ofrecer un recuento del poblamiento en Sinaloa, el doctor Servando Rojo Quintero, director de la representación del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en esa entidad, comentó que aspectos como la pacificación y la evangelización del territorio, la explotación minera e, incluso, factores sanitarios como las epidemias, condicionaron su patrón de asentamientos durante la Colonia y el siglo XIX.

Así como hoy atravesamos una recomposición del orden social por los efectos de la pandemia del coronavirus, entre 1851 y 1877, tiempos del cólera, la gente de Culiacán padeció una gran mortandad. Su población se redujo a seis mil habitantes, la mitad de la tasa poblacional del puerto de Mazatlán (que entonces concentraba a 12 mil habitantes), que no comenzó a recuperarse sino hasta 1889.

El titular del Centro INAH Sinaloa expuso este tema en el ciclo de videoconferencias conmemorativo al 25 aniversario de esta representación estatal, la cual ha sido clave en la valoración del patrimonio cultural de la entidad.

En el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura, en la ponencia transmitida por el canal de INAH TV en YouTube, Rojo Quintero dijo que conocer el proceso de poblamiento de Sinaloa posibilita la toma de conciencia sobre el patrimonio y establece pautas para la mayor protección y conservación del mismo.

Para bosquejar cómo cambió el territorio durante los siglos XVII y XIX, el arquitecto e historiador trazó este devenir a partir de fuentes documentales de los primeros conquistadores de la llamada Nueva Vizcaya, informes de obispos y memorias, entre otros.

Dos factores fueron fundamentales en la conformación inicial del patrón de estos asentamientos: el desarrollo cultural alcanzado por los grupos indígenas a la llegada de los españoles, y las características del medio físico-geográfico.

Al momento de la empresa de conquista, explicó, los principales asentamientos eran Chametla y Culiacán; asimismo, un mapa de 1579 demuestra la importante cantidad de sitios que había en torno a los ríos, caso de Tabalá y Tacuichamona.

Informes de fray Alonso de la Mota y Escobar, los cuales datan de 1605, y otros posteriores del obispo Pedro Tamarón y Romeral, revelan que, como resultado del interés por la extracción de minerales, en zonas de la Sierra Madre Occidental surgieron los reales de minas y centros mineros. Ambos, junto con las misiones jesuitas, se convirtieron en los principales asentamientos humanos hasta mediados del siglo XIX, cuando Culiacán y Mazatlán cobraron primacía.

A mediados del siglo XVIII, los principales asentamientos eran Álamos (originalmente parte de Sinaloa), la Villa de San Felipe y Santiago, hoy Sinaloa de Leyva; San Sebastián, la actual Concordia; Rosario y El Fuerte. Culiacán era el asiento administrativo y ocupaba el quinto lugar en cuanto a población, seguido de Cosalá. Varias de estas localidades mantienen valiosos ejemplos arquitectónicos del siglo XVIII, con templos que fusionan estilos como el gótico y el barroco estípite.

“Pero también existía otro tipo de poblaciones: las misiones jesuitas, mediante las cuales se buscó pacificar y evangelizar las zonas más norteñas, dominadas por beligerantes grupos seminómadas. A la llegada de esta orden, en 1591, comenzó a estructurarse este sistema: a partir del Colegio jesuita establecido en la Antigua Villa de San Felipe y Santiago; en la próxima Mocorito, y hacia el noroeste.

“También hubo otras misiones en la parte de la Sierra Madre, pero estas dependían del rectorado de Durango, hablamos de Ajoya y San Javier, entre otros”, refirió Servando Rojo.

En el despunte del México independiente, alrededor de 1828, Culiacán empezó a crecer, y Mazatlán comienza a figurar en el mapa debido a la entrada del comercio exterior y al traslado de la aduana, la cual se ubicaba en Villa Unión. Para mediados de ese siglo, la primera contaría con 12 mil habitantes, y la segunda con seis mil.

Esa condición se invertiría un par de décadas después, en 1877, pues el cólera asoló Culiacán, en 1851, y la mitad de su población murió por esta epidemia. Para ese tiempo, el patrón de los asentamientos se había transformado, y los principales ya no se encontraban en la sierra, sino en los valles y en la costa, aunque los antiguos reales de minas preservaron cierta importancia.

Para 1900 —continuó el expositor—, Mazatlán mantenía casi 18 mil habitantes, y Culiacán cerca de 10 mil 300. Sobre este último, mencionó que una idea equivocada de progreso llevó a la pérdida de gran parte de su patrimonio arquitectónico en las primeras décadas del siglo XX. En su opinión, de haberse mantenido, hubiera merecido ser Patrimonio Mundial, puesto que fue el lugar de vanguardia de la conquista del noroeste de México.

De ahí, finalizó, la importancia del trabajo que realiza el Centro INAH Sinaloa en la ciudadanización del patrimonio, la cual es la pauta para la apropiación simbólica y la identificación con el mismo. Para esto se apoya en la creación de redes con actores coadyuvantes como los cronistas; en la firma de convenios de colaboración con los distintos órdenes de gobierno, caso del reciente acuerdo con el Congreso estatal; y acciones conjuntas con instituciones y asociaciones de vecinos, campesinos y comunidades.

El ciclo de videoconferencias continuará el próximo lunes 24 de agosto, a las 18:00 horas (tiempo de Sinaloa) y a las 19:00 horas (hora del centro de México), con el tema: La arqueología del sur de Sinaloa, que impartirá Alfonso Grave Tirado, a través del canal de INAH TV en YouTube.


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