El Museo Rafael Coronel, en Zacatecas, fue sede del homenaje póstumo al periodista cultural y poeta Enrique Salinas Enríquez, organizado por el Instituto Zacatecano de Cultura (IZC) "Ramón López Velarde". El acto, realizado el 22 de septiembre, reconoció su aportación al periodismo cultural y a la poesía, así como su concepto de "Barroco Chichimeca", propuesta que, según la institución, contribuyó a explicar y reflexionar sobre la esencia de la identidad cultural de Zacatecas y que quedó plasmada en su obra Episodios del Barroco-Chichimeca.

El homenaje contó con la presencia de María de Jesús Muñoz Reyes, directora general del Instituto Zacatecano de Cultura; el periodista Francisco Esparza; Lidia Lozano, directora de la Alianza Francesa de Zacatecas; Julieta Medina, gestora cultural y exdirectora del Museo Zacatecano; Irma Valerio, galerista y promotora cultural, así como Elsa Salinas Leyniers y Anne Leyniers Wilgan, familia del homenajeado. Durante la jornada se compartieron palabras y recuerdos en torno a la vida y obra de Salinas. Francisco Esparza ofreció un testimonio sobre su trayectoria, mientras que Lidia Lozano, Julieta Medina e Irma Valerio participaron desde sus propias experiencias y vínculos con el homenajeado y con la vida cultural de Zacatecas.

La familia de Enrique Salinas tuvo una participación especial a través de Elsa Salinas Leyniers y Anne Leyniers Wilgan, quienes contribuyeron a recuperar la dimensión más personal de un hombre recordado por su carácter bohemio, amiguero y dicharachero, así como por su amor a las conversaciones, la música y los encuentros. De acuerdo con Muñoz Reyes, la elección del 22 de septiembre tuvo un significado particular: la fecha evocó la llegada del otoño, sus atardeceres y ese sentimiento de nostalgia que acompaña a la memoria. Asimismo, remitió a la canción francesa "22 septembre", que convirtió ese día en un momento de sensibilidad y evocación.

Para quienes compartieron la vida con Enrique Salinas, el 22 de septiembre representó una oportunidad para recordarlo desde aquello que caracterizó su manera de estar en el mundo: la amistad, la conversación, la música y el gusto por reunirse con otros. Por ello, el homenaje no buscó solamente recordar su ausencia, sino celebrar su vida y mantener viva su memoria entre amigos, familiares, colegas, música y recuerdos.

La música tuvo un papel fundamental durante la jornada, con la participación especial del Ensamble Genaro Codina, que interpretó un repertorio integrado por Memory, de A. L. Webber; Irlandesa, de Claude Bolling; Vals sobre las Olas, de Juventino Rosas; Canon, de Johann Pachelbel; Hallelujah, de Leonard Cohen, y Mi corazón encantado, de Teteuro Oda.