Tecnología y artes ancestrales de Olinalá, Guerrero, dialogan en la restaurada parroquia de San Francisco de Asís - NTCD Noticias
Sábado 30 de mayo de 2020

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Tecnología y artes ancestrales de Olinalá, Guerrero, dialogan en la restaurada parroquia de San Francisco de Asís

Tecnología y artes ancestrales de Olinalá, Guerrero, dialogan en la restaurada parroquia de San Francisco de Asís

Tecnología y artes ancestrales de Olinalá, Guerrero, dialogan en la restaurada parroquia de San Francisco de Asís

Se incorporaron disipadores de movimiento en la torre-campanario, instrumentos nunca antes aplicados en edificios históricos

Pese a estar ubicada en la cabecera de un municipio cuyo nombre en náhuatl significa, literalmente, ‘cerca de los terremotos’, la parroquia de San Francisco de Asís se yergue nuevamente luego de los daños que tuvo a causa del sismo del 19 de septiembre de 2017, gracias al trabajo realizado en ella por diversos expertos, supervisados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), y a los artesanos que, como antes, se han sumado al embellecimiento de su templo principal.

En días recientes y tras concluirse los trabajos llevados a cabo para su recuperación, representantes del Centro INAH Guerrero, de la diócesis de Tlapa y habitantes del propio pueblo de Olinalá, recorrieron el templo bajo rigurosas medidas de sana distancia, en apego a las disposiciones sanitarias implementadas por el Gobierno de México ante la emergencia por COVID-19.

En el acto de entrega de la parroquia a la comunidad, se evocaron los daños severos que le causó el movimiento sísmico: grietas estructurales en muros laterales, en fachadas, en dos bóvedas —una en la sacristía y otra en un área contigua al presbiterio que funge como bodega— y en la torre-campanario, este último elemento colapsó en su remate y en su segundo cuerpo, dejando a el primero notoriamente afectado.

El proyecto de atención, diseñado por una empresa a cargo del resarcimiento de daños, con la asesoría de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos (CNMH) del Instituto, y bajo la supervisión de los arquitectos María Inés Soto Valenzuela y José Luis López Suárez, del Centro INAH Guerrero, no solo incluyó el remamposteo de los sillares de piedra y la consolidación de los muros con inyecciones de mortero fluido de cal puzolánica, sino también soluciones tecnológicas que, por primera vez en México y América Latina, se aplican a inmuebles históricos.

Es el caso de la torre-campanario, la cual debido a la magnitud de sus daños y de acuerdo con las recomendaciones de tres ingenieros-estructuristas que la estudiaron, fue liberada por completo, en función de que su consolidación era prácticamente imposible, incluso, la habría puesto en riesgo ante futuros sismos.

La resolución, tomada junto con la CNMH, fue crear una nueva torre-campanario que funcionara de manera independiente al templo, aprovechando que la torre era en sí un añadido —de inicios del siglo XX— de la parroquia de estilo neoclásico, la cual data, mayormente, de finales del siglo XVIII.

La nueva torre-campanario, de un solo cuerpo, fue equipada con disipadores de movimiento, usuales en construcciones civiles pero que aún no se aplicaban a contextos históricos, y cuya función es desviar las ondas sísmicas desde la base de un edificio, a fin de mantener con una mayor estabilidad la parte alta.

“Su funcionamiento es similar al de los amortiguadores de un automóvil”, ejemplificó la arquitecta Inés Soto al hablar de cómo, en los últimos meses, se ha dado seguimiento al comportamiento de los disipadores, a la par que se ha dialogado con los feligreses, compartiendo con ellos la información de los estudios que respaldaron la sustitución

Estéticamente, además, “se dio un diseño distinto a la torre-campanario bajo el principio teórico de la restauración, de no crear falsos históricos”.

Un caso de similar ocurrió en la citada área contigua al presbiterio, pues mientras que la bóveda de la sacristía solo requirió de remamposteo y consolidación a base de mezclas cal apagada, la bóveda de esta bodega también fue liberada enteramente dada la magnitud de su daño. Para tal fin se creó una cimbra en su parte baja para que pudiera recibir la nueva bóveda, hecha a partir de ladrillos más ligeros y amables con el inmueble.

Cabe anotar, detalló la especialista del Centro INAH Guerrero, que en la parroquia de San Francisco de Asís conviven evidencias de múltiples etapas constructivas, las más antiguas, visibles en los contrafuertes y en los muros de la nave central, son de finales del siglo XVI o inicios del XVII, y muestran cómo el templo fue ampliándose como respuesta a una mayor demanda de espacio para el culto.

Decorados internos con el sello artesanal de Olinalá

Tradicionalmente, los pobladores de Olinalá se han distinguido a nivel nacional e internacional por las creaciones artesanales en madera laqueada (barnizada) que idean a partir de una materia prima común: la madera del lináloe, árbol que crece en esta región de Guerrero y cuyo característico aroma se imprime en un amplio abanico de objetos, siendo las ‘cajitas de Olinalá’ de los más conocidos.

El vínculo de este arte con el proyecto de restauración arquitectónica supervisado por el INAH, radica justamente en que fueron los propios pobladores de Olinalá quienes, en los últimos meses y mientras los ingenieros y arquitectos verificaban el comportamiento de los disipadores colocados en la nueva torre-campanario, tomaron voluntariamente en sus manos la rehabilitación y el mantenimiento de la decoración interior de su parroquia.

Lo anterior, concluyó la arquitecta Inés Soto, no fue una novedad ya que, en siglos pasados, según lo constata la historia oral, los niños, jóvenes, adultos y ancianos del pueblo han velado por imprimir su sello, mediante sus tres principales técnicas de decoración: el dorado, el rayado vaciado y el rayado punteado, junto con la aplicación de hoja de oro y de plata dentro del inmueble, el cual concentra el mayor de sus fervores religiosos.

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