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Publican investigación sobre el desarrollo urbano de la Zona Arqueológica de Cantona en Puebla
turismo - 2019-07-03
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Publican investigación sobre el desarrollo urbano de la Zona Arqueológica de Cantona en Puebla


En el libro La Acrópolis de Cantona, Yadira Martínez explica el crecimiento de la antigua ciudad, desde el primer asentamiento hasta su abandono.

En el área más importante de la urbe se distribuyen varias plazas con pirámide; 12 canchas para el juego de pelota y arquitectura defensiva, así como conjuntos residenciales de élite.


Más que un asentamiento extenso o una simple ciudad, Cantona fue una metrópoli y centro rector regional en el extremo oriental del Altiplano Central, desde alrededor del año 300 a.C. hasta el 950 d.C., además de la sede de una de las sociedades estatales más complejas y longevas de nuestra historia.

Este pueblo, con sabiduría y capacidad creativa, sometió uno de los entornos naturales más agrestes y adversos a la presencia humana, y lo transformó en uno de los asentamientos más representativos del México prehispánico, proceso que es relatado por la arqueóloga Yadira Martínez Calleja, en el libro La Acrópolis de Cantona. Proceso de desarrollo de su estructura urbana.

En el volumen, editado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), la autora explica el proceso de desarrollo de la antigua urbe, ubicada en el estado de Puebla, desde los primeros asentamientos hasta su abandono, a partir del estudio de su centro cívico-religioso más importante: La Acrópolis.

Para tal efecto, la arqueóloga Martínez Calleja, quien participó en el Proyecto Arqueológico Cantona (PAC) de 1997 a 2013, analiza las características urbano-arquitectónicas y el entorno natural de la metrópolis, y los compara con los de otras sociedades contemporáneas, principalmente de la región del Bajío, para averiguar sobre la identidad étnico-cultural de los habitantes y constructores de Cantona.

El libro, dijo, es resultado de 14 años de investigaciones sobre el desarrollo urbano de esta ciudad arqueológica, una de las más grandes y complejas de la época prehispánica, situada en el extremo noreste de la Cuenca de Oriental, en los límites orientales del Altiplano Central.

Alumna de los destacados arqueólogos Ángel García Cook (1937-2017) y Beatriz Leonor Merino Carrión (1952-2002), directores del PAC, Yadira Martínez Calleja indicó que su labor estuvo relacionada con los objetivos de la investigación general, sin embargo, debido al interés de los titulares del proyecto por la traza urbana de la metrópoli, fue que le solicitaron enfocar su estudio a este rubro.

"El objetivo de mi investigación era definir la estructura urbana de la ciudad. Para ello, teníamos que hablar del desarrollo cultural de la sociedad que la creó, a partir de la información recopilada del estudio de la edificación y crecimiento de la ciudad a través del tiempo", explicó.

La autora concentró su análisis en el principal centro cívico-religioso, en donde se ubica La Acrópolis, el área más importante y representativa de la ciudad, con 66.34 hectáreas de extensión.

“En esta zona se distribuyen varios conjuntos arquitectónicos —plazas con pirámide—; estructuras piramidales; 12 de las 27 canchas para el juego de pelota que se han podido identificar en el asentamiento —10 formando conjuntos arquitectónicos alineados—; un buen número de elementos arquitectónicos de carácter defensivo y de vigilancia, así como conjuntos residenciales de élite. Por ello, consideramos que es un área representativa que proporciona la más precisa información sobre el desarrollo cultural, porque era el centro neurálgico, el lugar donde se encontraba la superestructura político-religiosa de la urbe", destacó.

Yadira Martínez refirió que al iniciar la investigación vertida en el volumen —integrado por seis capítulos—, los directores del PAC y ella tenían la idea que no hubo tantas transformaciones en la ciudad a lo largo del tiempo, pero ésta cambió radicalmente a partir de la indagación, la excavación y la exploración de la urbe, a la par del uso de técnicas como la restitución fotogramétrica, el análisis de planos y la continua contrastación de las interpretaciones de cada temporada.

Comentó que algunos de sus colegas, al hacer el recorrido por la urbe identificaron sitios con características similares a La Acrópolis, pero más tempranos, específicamente el conocido como Rincón de las Víboras (900-650 a.C.), a partir del cual la arqueóloga considera que se empezó a gestar la idea de lo que a la postre sería la gran metrópolis cantonesa.

Así, al patrón urbano de la gran ciudad, que en un principio estaba constituido por una plaza y un basamento, después se le añadieron elementos que dan cuenta de la complejidad que comenzó a tener la urbe: se incorpora otra plaza y un juego de pelota, creando un modelo alineado, al que se ha denominado Conjunto de Juego de Pelota tipo Cantona, sin relación aparente al típico modelo mesoamericano, integrado por una pirámide con un juego de pelota al costado.

"Considero que este patrón urbano arquitectónico es el que representa la arquitectura del poder de la sociedad cantonesa, ya que estos elementos sólo los vamos a encontrar profusamente dentro de La Acrópolis, porque es el espacio donde están las mayores edificaciones de poderío. Este modelo, guardando las proporciones, se replicaría en los barrios en la ciudad", detalló.

La investigadora anotó, que, si bien la producción de artefactos de obsidiana, extraída del yacimiento de Oyameles-Zaragoza, era el medio de sustento de la urbe, también debieron haberse efectuado otras actividades, “mientras más crece la sociedad —se estima que en el auge de Cantona, entre 350 a 600 d.C., vivían aproximadamente 90 mil personas— hay una especialización en sus actividades productivas, para ello, fue necesario la creación de nuevos espacios que permitieran el desarrollo de las actividades cotidianas para que la ciudad continuara su desarrollo.

“Por lo que no solamente los patrones arquitectónicos muestran el fuerte crecimiento y desarrollo urbano de la metrópoli, también la creación de infraestructura civil, como la construcción de calzadas o calles, que forman parte de una compleja red de vías de comunicación que hicieron posible conectar cualquier punto de la ciudad, lo que indica el grado de desarrollo de la sociedad que la edificó.

"La necesidad de comunicar toda la ciudad hacia los puntos más importantes, ya fueran áreas de actividad para la transformación de la obsidiana o de cultivo, incluso hacia otros sitios, devino en un complejo desarrollo urbano, que se puede apreciar en el hecho de que las principales calzadas siempre confluyen hacia La Acrópolis ", concluyó.


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