SEP impulsa discusión nacional sobre uso de redes sociales en menores; expertos alertan sobre riesgos neurológicos

“Es muy importante analizar el tema de las redes y el impacto que tienen en nuestros hijos, más allá de las escuelas, ahí no termina la responsabilidad, lo que quiere la Presidenta es que hagamos conciencia del impacto que tiene en su desarrollo, en su crecimiento, porque son menores de edad que están desarrollándose físicamente, se está desarrollando su cerebro”, señaló Delgado Carrillo. Durante sus visitas a planteles escolares acompañando a la Mandataria, el titular de la SEP constató que la responsabilidad sobre el uso de las redes sociales no termina en las aulas, sino que requiere la participación activa de madres, padres de familia y docentes. Advirtió que los dispositivos digitales ya no son herramientas pasivas: aprenden de las personas, capturan su atención e intervienen en sus hábitos, rutinas y conductas, lo que en el caso de los menores adquiere una dimensión mayor porque sus hábitos se forman al mismo tiempo que su cerebro, influyendo en su vida futura.
Delgado Carrillo subrayó que las y los adolescentes que utilizan redes sociales pueden ser más sensibles y reactivos a la aprobación de sus pares, por lo que consideró fundamental comprender, con base en evidencia científica, qué ocurre detrás de las pantallas y cómo los algoritmos responden a intereses de mercado que buscan captar la atención, favoreciendo la polémica, la división y la intolerancia. Finalmente, informó que este debate forma parte de una iniciativa presidencial para analizar el impacto de las redes sociales y construir herramientas que permitan acompañar a esta generación hacia una vida plena y feliz, en un contexto internacional donde Francia ya reguló el acceso a redes sociales para menores de 15 años y cada país define sus propias medidas.
La especialista en neurodesarrollo e investigadora de la Universidad de Washington, Lucía Magis Weinberg, explicó que la adolescencia, comprendida entre los 10 y los 25 años, es una etapa de profunda transformación cerebral, donde el sistema encargado de las emociones y las recompensas madura antes que el responsable del control cognitivo y la toma de decisiones. Este desfase convierte a la adolescencia en un periodo de grandes oportunidades para el aprendizaje y la construcción de identidad, pero también de mayor vulnerabilidad frente a la presión social, hábitos nocivos y problemas de salud mental. Alertó que el diseño de las plataformas digitales activa los circuitos de recompensa del cerebro, favoreciendo conductas automáticas y, en algunos casos, adicciones y estrés digital. Asimismo, señaló que el uso excesivo de pantallas puede afectar el desarrollo cognitivo, reducir la capacidad de atención, alterar el sueño, fomentar el sedentarismo y desplazar actividades esenciales como la convivencia presencial. Por ello, subrayó la importancia de acompañar a los adolescentes con orientación familiar, establecer límites y espacios de desconexión, promover hábitos saludables y fortalecer la educación en ciudadanía digital, así como impulsar políticas públicas que garanticen plataformas seguras.
En tanto, la maestra en Orientación Psicológica y especialista en prevención de adicciones, Tania Jiménez García, habló sobre el cerebro y la adicción a la tecnología. Explicó que el uso excesivo de tecnologías incrementa la producción de dopamina, neurotransmisor relacionado con la gratificación, pero ya no de manera natural, lo que lleva al cerebro a adaptarse y dejar de producirla adecuadamente, generando una problemática de adicción. Puntualizó que, cuando una niña o niño está expuesto de manera excesiva a tecnologías, su corteza prefrontal puede verse afectada, repercutiendo en atención, concentración, control de impulsos, manejo de emociones y toma de decisiones. Como consecuencia, puede presentarse menor tolerancia a la frustración, bajo rendimiento escolar, dificultades para el autocontrol y problemas para resolver conflictos. Durante la abstinencia tecnológica, es común observar irritabilidad y malestar. La especialista destacó la neuroplasticidad cerebral: en niños de 0 a 6 años, el cerebro puede normalizarse en días; de 6 a 12 años, en aproximadamente un mes; y a partir de los 13 años, la recuperación requiere una disminución gradual y atención especializada. Finalmente, subrayó que el uso excesivo de teléfonos celulares antes de los 14 años puede incrementar el riesgo de adicciones, depresión y ansiedad.
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