Un equipo internacional de astrónomos, liderado por el Centro de Astrobiología (CAB), ha logrado un hito sin precedentes al detectar por primera vez la presencia de un azúcar en el medio interestelar. El hallazgo, publicado en la revista Nature Astronomy, identifica la eritrulosa, un azúcar de cuatro átomos de carbono, en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea. Este descubrimiento representa un avance significativo en la comprensión de cómo los componentes básicos de la vida pueden formarse en el espacio.

La eritrulosa es una cetosa que en la Tierra se encuentra en frutos rojos como las frambuesas y se utiliza como aditivo en cosméticos bronceadores. Su detección en el espacio interestelar sugiere que los azúcares pudieron formarse antes de la formación del Sistema Solar. Este hallazgo respalda la hipótesis de que moléculas orgánicas complejas, esenciales para la vida, podrían haber llegado a la Tierra primitiva a través de meteoritos y asteroides, contribuyendo a la síntesis de los primeros ácidos nucleicos.

Para detectar la eritrulosa, los investigadores utilizaron radiotelescopios de alta precisión ubicados en España: el de 40 metros del Observatorio de Yebes en Guadalajara y el de 30 metros en el Pico Veleta en Granada. Estos instrumentos permitieron identificar las señales específicas emitidas por la molécula en el espectro de ondas de radio. La detección es significativa porque, al entrar en contacto con agua, la eritrulosa puede transformarse en treosa, un azúcar fundamental en la estructura del ADN y el ARN.

Se estima que, durante el bombardeo intenso de asteroides hace aproximadamente 4.000 millones de años, la Tierra pudo haber recibido entre 0,5 y 50 millones de toneladas de eritrulosa. Este período coincide con el surgimiento de las primeras formas de vida en el planeta. El descubrimiento refuerza la teoría de que los componentes básicos para la vida podrían haberse originado en el espacio y haber sido transportados a la Tierra, proporcionando los ingredientes necesarios para la química prebiótica.

Este hallazgo amplía la comprensión sobre la química prebiológica y el origen de la vida en el universo, destacando el papel del medio interestelar como fuente de moléculas orgánicas complejas. Además, subraya la importancia de los cuerpos celestes en la entrega de estos compuestos a planetas en formación, lo que podría tener implicaciones en la búsqueda de vida en otros sistemas planetarios.