El Museo de Arte Carrillo Gil inauguró la exposición El eterno retorno. Manuel Rocha Iturbide, una revisión de más de tres décadas de trabajo del artista y compositor mexicano, cuya producción explora las relaciones entre el sonido, los objetos, la tecnología y las artes visuales. La muestra, organizada por la Secretaría de Cultura del Gobierno de México a través del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), abrió al público el sábado 24 de octubre de 2026 y permanecerá hasta el 28 de marzo de 2027 en el piso 2 del recinto, ubicado en avenida Revolución 1608, colonia San Ángel, alcaldía Álvaro Obregón, Ciudad de México.

La exposición reúne obras realizadas entre 1987 y 2023, entre esculturas sonoras, instalaciones, fotografías y objetos intervenidos, con la colaboración curatorial de Guillermo Santamarina. De acuerdo con el artista, alrededor de 70 por ciento de las piezas corresponde a los últimos 15 años de su producción, aunque también se incluyen trabajos anteriores como Moonbox Project (2003), que, según recordó, no había vuelto a exhibir. El horario de visita es de martes a domingo, de 10 a 18 horas.

Durante la inauguración, la directora general del INBAL, Alejandra de la Paz Nájera, afirmó: “Presentar una revisión de la obra de Manuel en el Museo de Arte Carrillo Gil es una oportunidad para acercarnos al trabajo de uno de los creadores más singulares en el campo sonoro en México”. La funcionaria señaló que la trayectoria del artista amplía las posibilidades de la creación contemporánea y reconoció su capacidad para desarrollar nuevas formas de relacionarse con el público.

Rocha Iturbide recordó la relación que mantiene con el Museo de Arte Carrillo Gil desde la década de los noventa, cuando visitó exposiciones que influyeron en su interés por desarrollar proyectos en los que convergen la música y las artes visuales. Explicó que su formación como compositor y su trabajo con la electroacústica le permitieron explorar el sonido como base, sin depender de los instrumentos musicales convencionales. En entrevista, señaló que, aunque su producción ha cambiado con los años, “sigo preocupado en la escucha”, y al referirse a sus fotografías de objetos abandonados comentó: “Ahora tomo lo mismo, pero ya de manera distinta porque no puedo ser el mismo, he cambiado. Pero sigo con las asociaciones, retorno a las asociaciones”.

La directora del Museo de Arte Carrillo Gil, Valeria Macías, destacó que se trata de la primera retrospectiva que el recinto presenta sobre el trabajo de Rocha Iturbide y señaló que la propuesta invita a recorrer las salas a partir de la mirada y la escucha. “Lejos de intentar dar respuestas definitivas o cerrar un ciclo, Guillermo nos propone entender el pensamiento de Rocha como una espiral en movimiento”, expresó.

Santamarina explicó que El eterno retorno revisa cerca de 35 años de trabajo de Rocha, cuya práctica abarca distintos lenguajes y no puede limitarse a lo sonoro. Indicó que uno de los desafíos de la exposición fue seleccionar obras de una trayectoria amplia y diversa, en la que conviven la escultura, la gráfica, el dibujo, la fotografía y las experiencias sonoras.

Entre las piezas expuestas se encuentra Cruci-Ficción (2016), un violín suspendido mediante cables de acero y tensores que adquiere la forma de una cruz, y que establece una relación entre la construcción artesanal de los instrumentos, su capacidad sonora y las transformaciones que experimentan al convertirse en objetos escultóricos. También se presenta Lolo: aliento prolongado (2016), un acordeón en desuso que permanece suspendido y cuya caída permite que el fuelle se expanda por última vez, en una exploración de las relaciones entre sonido, silencio y tiempo.

La muestra incluye My first portable cassette tape recorder (2020), integrada por grabadoras portátiles recuperadas por el artista, que reflexiona sobre la memoria sonora y las tecnologías en desuso. Doble puntuación (2014) reúne discos de vinilo de la serie Voz Viva de México, de la Universidad Nacional Autónoma de México, intervenidos con perforaciones láser a partir de las pausas y los signos de puntuación de las grabaciones. Otras piezas muestran las posibilidades de transformación de los aparatos cotidianos, como Techno in vitro (1998), que presenta un reproductor de casetes y audífonos dentro de un frasco de vidrio, desde el cual se escucha música. La obra que da nombre a la exposición incorpora un pequeño tren que circula sobre un tambor y produce vibraciones sonoras.