CIUDAD DE MÉXICO, LA MÁS COSMOPOLITA DE LA ÉPOCA VIRREINAL
_ El historiador Antonio Rubial afirmó que fue un fenómeno único, equiparable hoy con Nueva York, al participar en el ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia
La actividad académica continuará el próximo jueves 16 de octubre con la ponencia titulada La Catedral y el espacio virreinal, por Sergio ZaldÃvar
En el siglo XVII no habÃa una ciudad en todo el orbe que alojara una sociedad tan cosmopolita, pluriétnica, mestizada, multirracial y pluricultural, como la virreinal Ciudad de México, “un fenómeno únicoâ€, manifestó el historiador Antonio Rubial GarcÃa, al conversar sobre el nuevo orden social establecido tras la Conquista en el ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia, organizado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH).
En la actualidad, tal particularidad sólo serÃa equiparable con Nueva York, consideró el académico, porque a la capital de la Nueva España “acudÃan españoles procedentes de la penÃnsula Ibérica, italianos, flamencos, alemanes (muchos de ellos habÃan españolizado su nombre), esclavos venidos de las colonias portuguesas en Ãfrica: Guinea, el Congo, Mozambique; gente de Asia: chinos, filipinos, hindúes, vietnamitas, camboyanos, muchos de ellos habÃan llegado también como esclavos y habÃan comprado su libertadâ€.
A esa complejidad representada por población de los tres continentes: Asia, Europa, Ãfrica, y que tenÃa el castellano como lengua de contrato, debe agregarse la diversidad indÃgena. “HabÃa colonias de mixtecos y zapotecos con su propia capilla, y prácticamente todas las etnias estaban alrededor de esta gran ciudad: matlatzincas, mazahuas, otomÃes, nahuasâ€.
“Obviamente estamos ante un fenómeno único, una sociedad cosmopolita, pluriétnica, mestizada, multirracial y pluriculturalâ€, dijo Antonio Rubial, de modo que para el siglo XVIII no habÃa una ciudad comparable en todo el orbe, “ni Ãmsterdam, ni alguna colonia inglesa o la capital de otro virreinato español como Limaâ€, señaló el profesor de la UNAM en la conferencia dictada en el Museo del Templo Mayor.
El espacio arquitectónico como tal quedó plasmado en piezas como los biombos denominados urbs; mientras, la jerarquización se reflejó en los denominados civitas, vistas de la gente realizando sus actividades, que son la mejor manifestación de la sociedad pluriétnica y mestizada de la virreinal Ciudad de México, concluyó Antonio Rubial.
Estas vistas, civitas, también dejan de manifiesto el espacio público, las acequias y las plazas, como lugar del comercio ambulante y establecido —“que no es ninguna novedad, siempre ha sido asà y parece que siempre seráâ€â€”, pero también de fiesta, donde se expresaba la jerarquización social y al mismo tiempo se daba una “ruptura momentánea†de un sistema muy rÃgido, expuso.
Trescientos años después, la actual capital de la República Mexicana sigue conservando “valores y un sentido de identidadâ€, como es ese uso del espacio público para el comercio y la fiesta popular, propios de una sociedad de “antiguo régimenâ€, expresó el autor de tÃtulos como Los libros del deseo y Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de sor Juana.
Esa sociedad, explicó, debÃa obediencia al rey y al papa, estaba configurada por estratos: clérigos, nobles y plebeyos; asà como por corporaciones mediante las que se establecÃan los derechos y obligaciones civiles.
Contrario a la idea de que la sociedad virreinal era de castas, realmente en ésta —precisó Antonio Rubial, Premio Universidad Nacional 2008— era posible el ascenso social a través de méritos, de modo que un mulato podÃa llegar a ser un clérigo destacado.
Asimismo, el estatus social no era indicativo, como hoy en dÃa, de la condición económica, de manera que un plebeyo podÃa ser un próspero comerciante indÃgena, y un español con tÃtulo de “Don†“podÃa ser un Don Nadieâ€.
Tras la Conquista, la Ciudad de México quedó dividida en una República de Españoles, con un cabildo, y cinco barrios indÃgenas regidos por los cabildos de San Juan Tenochtitlan y Santiago Tlatelolco. Además de los cabildos, otro cuerpo social eran las corporaciones, hermandades laico-religiosas como las cofradÃas, donde los distintos grupos sociales establecÃan nexos y responsabilidades.
El clero, en particular las órdenes religiosas, también manifestaba su poder a través del espacio mismo de la capital novohispana. Los conventos, hospitales y escuelas, entre otros, eran administrados por franciscanos, dominicos y jesuitas.
El ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia#se lleva a cabo en el Museo del Templo Mayor, y continuará el próximo jueves 16 de octubre con la ponencia titulada La Catedral y el espacio virreinal. Significado y arquitectura, por Sergio ZaldÃvar. 18:00 horas. Entrada libre.
La actividad académica continuará el próximo jueves 16 de octubre con la ponencia titulada La Catedral y el espacio virreinal, por Sergio ZaldÃvar
En el siglo XVII no habÃa una ciudad en todo el orbe que alojara una sociedad tan cosmopolita, pluriétnica, mestizada, multirracial y pluricultural, como la virreinal Ciudad de México, “un fenómeno únicoâ€, manifestó el historiador Antonio Rubial GarcÃa, al conversar sobre el nuevo orden social establecido tras la Conquista en el ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia, organizado por el Instituto Nacional de AntropologÃa e Historia (INAH).
En la actualidad, tal particularidad sólo serÃa equiparable con Nueva York, consideró el académico, porque a la capital de la Nueva España “acudÃan españoles procedentes de la penÃnsula Ibérica, italianos, flamencos, alemanes (muchos de ellos habÃan españolizado su nombre), esclavos venidos de las colonias portuguesas en Ãfrica: Guinea, el Congo, Mozambique; gente de Asia: chinos, filipinos, hindúes, vietnamitas, camboyanos, muchos de ellos habÃan llegado también como esclavos y habÃan comprado su libertadâ€.
A esa complejidad representada por población de los tres continentes: Asia, Europa, Ãfrica, y que tenÃa el castellano como lengua de contrato, debe agregarse la diversidad indÃgena. “HabÃa colonias de mixtecos y zapotecos con su propia capilla, y prácticamente todas las etnias estaban alrededor de esta gran ciudad: matlatzincas, mazahuas, otomÃes, nahuasâ€.
“Obviamente estamos ante un fenómeno único, una sociedad cosmopolita, pluriétnica, mestizada, multirracial y pluriculturalâ€, dijo Antonio Rubial, de modo que para el siglo XVIII no habÃa una ciudad comparable en todo el orbe, “ni Ãmsterdam, ni alguna colonia inglesa o la capital de otro virreinato español como Limaâ€, señaló el profesor de la UNAM en la conferencia dictada en el Museo del Templo Mayor.
El espacio arquitectónico como tal quedó plasmado en piezas como los biombos denominados urbs; mientras, la jerarquización se reflejó en los denominados civitas, vistas de la gente realizando sus actividades, que son la mejor manifestación de la sociedad pluriétnica y mestizada de la virreinal Ciudad de México, concluyó Antonio Rubial.
Estas vistas, civitas, también dejan de manifiesto el espacio público, las acequias y las plazas, como lugar del comercio ambulante y establecido —“que no es ninguna novedad, siempre ha sido asà y parece que siempre seráâ€â€”, pero también de fiesta, donde se expresaba la jerarquización social y al mismo tiempo se daba una “ruptura momentánea†de un sistema muy rÃgido, expuso.
Trescientos años después, la actual capital de la República Mexicana sigue conservando “valores y un sentido de identidadâ€, como es ese uso del espacio público para el comercio y la fiesta popular, propios de una sociedad de “antiguo régimenâ€, expresó el autor de tÃtulos como Los libros del deseo y Monjas, cortesanos y plebeyos. La vida cotidiana en la época de sor Juana.
Esa sociedad, explicó, debÃa obediencia al rey y al papa, estaba configurada por estratos: clérigos, nobles y plebeyos; asà como por corporaciones mediante las que se establecÃan los derechos y obligaciones civiles.
Contrario a la idea de que la sociedad virreinal era de castas, realmente en ésta —precisó Antonio Rubial, Premio Universidad Nacional 2008— era posible el ascenso social a través de méritos, de modo que un mulato podÃa llegar a ser un clérigo destacado.
Asimismo, el estatus social no era indicativo, como hoy en dÃa, de la condición económica, de manera que un plebeyo podÃa ser un próspero comerciante indÃgena, y un español con tÃtulo de “Don†“podÃa ser un Don Nadieâ€.
Tras la Conquista, la Ciudad de México quedó dividida en una República de Españoles, con un cabildo, y cinco barrios indÃgenas regidos por los cabildos de San Juan Tenochtitlan y Santiago Tlatelolco. Además de los cabildos, otro cuerpo social eran las corporaciones, hermandades laico-religiosas como las cofradÃas, donde los distintos grupos sociales establecÃan nexos y responsabilidades.
El clero, en particular las órdenes religiosas, también manifestaba su poder a través del espacio mismo de la capital novohispana. Los conventos, hospitales y escuelas, entre otros, eran administrados por franciscanos, dominicos y jesuitas.
El ciclo La Plaza Principal, su entorno y su historia#se lleva a cabo en el Museo del Templo Mayor, y continuará el próximo jueves 16 de octubre con la ponencia titulada La Catedral y el espacio virreinal. Significado y arquitectura, por Sergio ZaldÃvar. 18:00 horas. Entrada libre.